viernes, 21 de junio de 2013

De Telefónica al Cielo



Con el manchego tengo yo mis amores y mis odios.  Yo soy de la opinión que Pedro Almodóvar es un genio, porque dejando al lado su personalidad más o menos controvertida, creo que su filmografía, en general, es digna de admiración.  Sin embargo también lo veo cada día más plano.  Más anclado en todo lo que le ha convertido en un icono y sin capacidad por no hacer más cine que la mera repetición de lo que ya ha hecho.... lo dicho: amor y odio.

Hoy les presentemos.... a Pedro Almodóvar.


Almodóvar es un lenguaje, una marca.  Es como Lorca.  De hecho el manchego es más poeta que cineasta.  Nos guste o no, él es el cine en España visto desde fuera.  Que sí, que sí...que aquí hay Amenabar y Bayona y mucho, mucho más... pero Almodóvar plantó una pica en Flandes, 

Sus personajes, sus diálogos, sus planos imposibles reflejados en un espejo... todo son códigos para un país que sabe, le pese a quien le pese, quien es su director más internacional.  Almodóvar es un sello.  Y él lo sabe.

Frases como: "Mira el mundo árabe, lo mal que me ha tratado", "Tú ya sabes que yo creo en la pareja: dos polvos, dos rayas, dos amigas... dos cabalgan juntas, dos por la carretera..."o "Cómo va a ser esto un Chanel, con el hambre que hay en el mundo"....son propias de un genio.  Y Almodóvar, me reafirmo, lo es.

Esos rojos, rosas y azules imposibles.  Ese bolero que suena como un zumbido o esos títulos de crédito que presagian, te presagian que vas a ver "una de Almodóvar".... son sólo la guinda del pastel. Almodóvar saldrá en los libros de Historia del Cine.  Y se lo ha ganado.  

Peeeerooooo... siempre hay un pero.

Precisamente cuando a casi todo el mundo le gusta Almodóvar, yo lo encuentro aburrido hasta la saciedad.  Basta con una conversación entre amigos sobre él, para darme cuenta hasta qué punto me aburre.  Todo el mundo que lo admira, por lo general, pasará por alto sus primeras películas, cuyo mérito reconocerán por encima... hasta llegar a "Todo sobre mi madre", película que no sólo encumbró a Antonia San Juan en el papel de su vida, sino que marcó a toda una generación que se reencontraba con un director que aparentemente había perdido el rumbo.   Si el público y la crítica coincidieron en nombrar La flor de mi secreto como su regreso, Todo sobre mi madre era la culminación del "Nuevo Almodóvar".  De hecho, Hable con Ella ganó en los Oscar.... y eso amigos, no es moco de pavo. Lo sé......peeeroooooo..... 

Yo, iré contracorriente y diré que de Todo sobre mi madre me quedo con Antonia San Juan, que lo clava totalmente (con su monólogo en el teatro: de lo mejor que ha escrito Almodóvar en toda su carrera); con Cecilia Roth y Marisa Paredes que siempre son una apuesta segura y con la banda sonora, que, como suele ocurrir en el cine del manchego, es soberbia.  Por lo demás, me parece un folletín infumable e increíble.  Sé que "la magia" del cine almodovariano reside en esas historias imposibles y lo que realmente importa son los personajes: lo que se dicen y, sobre todo, cómo se lo dicen.  Lo sé.  Pero esa puta manía de Almodóvar de meter un travesti en cada película, que encima es el padre del hijo de la protagonista y que se acuesta con una monja que muere de sida... pues mira, no.  Y os juro que no es porque me escandalice, para nada.  El caso es que tenga que recurrir a ese eterno cliché del travesti, de la situación imposible, de repetir lo que ya hemos visto hasta la saciedad.... ufff...me da tanta tanta pereza...

Para mí, ha claudicado.  Empezó en plena movida y llegó a rozar el surrealismo (véase Qué he hecho yo para merecer esto).  Digno heredero de Cukor, es el director de actrices por excelencia.  Si no ha plasmado un sentimiento genuino de Victoria Abril, de Carmen Maura o de Marisa Paredes... es que dicho sentimiento no existe.  Dirigió con valentía, a contracorriente.  Hizo mear a Loles León y supo emplear la voz rota de Ángela Molina como nadie (si no lloras viendo a la Molina pidiéndole a Liberto Rabal que la quiera en Carne Trémula es que no tienes alma)... pero sus últimas películas parecen siempre que tienen que sorprender, que tienen que tener un gag... un travesti, un cocainómano...

En fin, que yo lo amo y lo odio.  Veo sus nuevas películas porque quiero ver el cojín, el tacón, la peluca, el gesto, la frase... quiero ver dónde Almodóvar deja su impronta, su huella.  Cómo consigue que veas a Rossy de Palma y te creas que es tu tía Paqui del pueblo.  Poder ver a Chus Lampreave perfecta donde la ponga.  Saber que "ese gesto" lo ha estudiado el actor hasta la saciedad.  Comprobar que el éxito de Almodóvar se basa en poner a una protagonista a la que le ocurren mil desgracias y cómo un enjambre de magníficos secundarios la rodean y realizan las mejores interpretaciones de sus carreras.  El resto.... el resto no me interesa en absoluto.  Se repite cada vez más.  Se hace mayor y nada en este mundo es eterno, ni siquiera él.  ¿Lo bueno?  Lo bueno es que tal vez él no sea eterno, pero su cine, el que me gusta, lo será.  Le sobrevivirá y esperará paciente la próxima Movida Madrileña, donde un puñado de modernas, medio travestis, medio laponas, medio mongolas desenterrarán sus películas, las primeras y dirán que Almodóvar es un genio.  Algo que todos ya sabíamos... aunque a veces nos duela admitirlo.



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